Para Ana

 

¡Qué diablos tendrán tus ojos!

que usurpan de los míos la alegría,

que calman con mirarme mis antojos,

y florecen la fatal melancolía.

 

¡Qué estúpido Dios echó del cielo!

a la más linda de sus estrellas,

la Venus con piel de terciopelo,

las más bella del mundo de las bellas.

 

Eres tú la Octava Maravilla,

mi luz, mi séptimo sentido,

más guapa que la luna cuando brilla,

más tierna que las flechas de Cupido.

 

Tus labios, la dulzura de la miel,

tu lengua, sabor a caramelo,

me muero si no rozo tu piel,

y resucito con solo ver tu pelo.

 

Aún recuerdo aquel amanecer,

sentados en la orilla de la playa,

tu inquieta, yo cara de canalla.

 

Si me olvidas no se que voy a hacer,

pues no quiero pensar en el mañana,

si no estás a mi lado dulce Ana.

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