Se trata de invocar nombres prohibidos,

de tener intranquila la conciencia,

de burlarse una vez más los despidos,

de arrancar de los niños la inocencia.

 

De quitarle la razón al coherente,

de vestirse los jueves de domingo,

de no contar las arrugas de la frente,

de robar rotuladores en el bingo.

 

Se trata de reír en los entierros,

de contar chistes al borde del hastío,

de pasar andando en los encierros,

de no abrigarse cuando tienes frío.

 

De perder el dinero en el casino,

de no llamar peseta a los taxistas,

de no comprar cd’s al clandestino,

de no lamer el culo a los artistas.

 

Se trata de exiliarse a la cocina,

de escupir el agua de las fuentes,

de no saber nadar en la piscina.

 

De no sacar pañuelos en el ruedo,

de no pasar debajo de los puentes,

de reírte a carcajadas de tu miedo.

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