Lo que iba a suceder aquella noche,

pudo cambiar el rumbo de mi vida,

bajaste con frescura de tu coche,

con pintas de gatita presumida.

 

Pusiste la mejor de tus sonrisas,

tiraste para abajo de tu falda,

abriste un botón de mi camisa,

pintaste corazones en mi espalda.

 

Optaste por la acción de seducirme,

tratando de llevarme a tu terreno,

cansada de fingir y de mentirme,

quisiste aprovecharte de lo ajeno.

 

Pero no consumaste la victoria,

porque en esto yo ya tengo oficio,

creías que no tenía escapatoria,

y escapé por la ventana del servicio.

 

Y tú quedaste allí todo tirada,

a las puertas del cielo de mi boca,

esperando que llegara tu momento.

 

A veces yo discuto con mi almohada,

si aquella vez actúe como un masoca,

lo cierto es que ahora mismo me arrepiento.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*